Iluminación

  • Cuando la luz no es solo luz
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El día en que toda una serie de gente se pone de acuerdo para hacer algo grande y espectacular, sólo la ilusión es el combustible para llevarlo a cabo.
Cualquiera que hable de un proyecto de iluminación con conocimiento de causa sabe que este tipo de trabajo debe estar siempre adaptada a las necesidades de un usuario. En el caso de una iluminación exterior este parámetro coge una dimensión mayor, por cuanto su proyección va más allá de las consideraciones previas y los parámetros con los que será revisada una vez hecha y éstos serán variables en función de los ojos que la admiren.

 

Si, además, la iluminación está destinada a un espacio tan emblemático como es Vivanda, probablemente uno de los espacios comerciales más importantes del país, el nivel de responsabilidad será directamente proporcional a la trascendencia de esta obra. Es a partir de todas las consideraciones que este proyecto toma forma y, de manera casi natural, agrupa un equipo interdisciplinario que, como ha quedado patente, da lo mejor de sí mismo en cada uno de los ámbitos de trabajo para llevar a cabo la que, a día de hoy, es la instalación de iluminación de Navidad más importante hecha en el país hasta ahora.


Diseñar un techo de luces de las dimensiones de lo instalado en Escaldes-Engordany este año es un trabajo de mucho tiempo atrás. Sin duda, nace del interés por parte del equipo de gobierno de la parroquia de dar a la zona un ambiente nuevo, mágico y diferente. Novelec, como gestor de proyectos de iluminación, se interesó desde el primer momento para esta nueva necesidad lumínica evidenciada puesta a concurso por el Comú de Escaldes.

 

Estaban muy claras las premisas de trabajo con la que el Común quería llevar a cabo este proyecto: no se podía traspasar ninguna línea de elegancia que discordante con la misma esencia de la avenida Vivanda. La directriz de trabajo siempre fue mantener un rigor en el proyecto de acuerdo a los criterios básicos en que el Comú de Escaldes se mueve desde hace un tiempo: belleza, seriedad, rendimiento y elegancia.


Desde el mismo diseño de las estructuras que tenían que soportar el peso del techo luminoso, Novelec pretende que la integración de las mismas sobre el escenario de Vivanda sea lo menos invasiva posible. De ahí que los dados que se fabrican para soportar todo el diseño están cubiertos con un revestimiento estético que integra la estética del mobiliario urbano ya existente en la avenida Carlemany. Además, se decoran con la intención, como así fue, que el Común pueda utilizar las superficies para dejar la huella comunicativa con la que quiere explicar los ejes básicos de la instalación que se lleva a cabo.


El color que se elige para la parte física del techo, es decir, aquello que hace referencia a su punto estructural, es el negro. Esta elección tampoco es gratuita, por cuanto es un color muy poco invasivo y de muy poca afectación visual. De este modo, a pesar de ser inevitable, por temas de peso, tener que instalar estos dados de hormigón de 3 toneladas, lo que se pretende es que tengan el menor protagonismo posible. Debemos pensar que, una vez diseñado el techo, lo que se busca es que se pueda sostener todo con menor número de dados posible, consiguiendo incluso tiradas de 40 metros entre columna y columna. Sin duda, el reto técnico de lograr esta separación entre los pilares fue uno de los detonantes para que el Común se decantara por el proyecto presentado por la empresa Novelec.

 


Siguiendo con la elección cromática de los elementos que debían conformar todo el montaje, llegamos a las guirnaldas. En este caso, el color elegido para el cableado que las une es el blanco. El motivo radica en el interés de conseguir crear un techo que, durante el día, es decir, en los momentos en que la luz no funcionaba, la sensación superior a nivel visual fuera de claridad y espacio.
El efecto túnel quedaría relegado sólo, pues, a los momentos en que la luz hiciera un efecto envolvente y mágico.

 


Otro punto que se tuvo que hablar mucho con los equipos de trabajo y en varias reuniones con los técnicos y con los iluminadores, así como con el mismo Comú de Escaldes-Engordany, fue la elección del color de la luz general del techo. Las opciones para este tipo de instalación pasan por dos posibilidades claras: la luz blanca en temperatura de color de 5200 grados Kelvin o bien, la luz cálida que da la instalación actual con unos 2.200 grados Kelvin. Hay un motivo definitivo que aporta la luz cálida y que de nuevo se integraba con las especificaciones de la zona donde se tenía que instalar el techo: la tranquilidad.

Tratándose de una zona de paseo comercial, lo que se buscaba con la elección de la luz cálida, era que el visitante se encontrara más cómodo y tranquilo a la hora de moverse por esta zona iluminada, por lo que la experiencia fuera más agradable a la vez que, poco a poco, pudiera disfrutar de la esencia del techo sin prisa. El objetivo de la luz cálida a nivel de zonas comerciales, a pesar de diferentes opiniones de los profesionales sobre este punto, es importante si lo que se pretende es una visita lenta, incluso de compra más reflexiva, por encima de la posibilidad de la luz blanca la que, a veces, genera más dinamismo pero quizás, estancias de más corta duración.

 

Otro punto importantísimo en la que el Común tenía muy claro cómo quería que fuera la instalación, era la cuestión ambiental. Se pedía trabajar con materiales que hubieran sido fabricados con las mínimas emisiones de CO2 posibles. Gracias a la labor de muchos años de trabajo, el fabricante Blachere daba respuesta a esta especificación. Su sistema de trabajo está basado en una fabricación con muy baja emisión de CO2 y con materiales que aportan una muy baja influencia electromagnética sobre el usuario. Hay que tener en cuenta que un techo eléctrico de estas dimensiones debe estar muy bien estabilizado para que la influencia de las ondas sea nula, como ha sido en este caso.

 

En último término, dentro del mismo proyecto se previó la idea de dar a la avenida Carlemany una zona más decorativa, con elementos suspendidos para romper una posible monotonía lumínica que al final podía desvirtuar la misma fuerza del techo lumínico. Esta zona fue Ia de aproximación en la emblemática plaza Coprínceps. Para este espacio se eligió una iluminación navideña mucho más familiar, atada a un árbol de doce metros de altura y unas estructuras que suspendían unas bombillas gigantes con LEDs en movimiento que daban toda una sensación nueva en el paseo por la avenida . La combinación de este alumbrado en la parte alta de la calle con unos montajes con motivos de animales de nieve iluminados, dan a esta zona, tal como decimos, un carácter más familiar en la que los niños toman el máximo protagonismo. En definitiva, si hay algo que rodea todo el proyecto de iluminación de Navidad de este pasado año 2017 en Escaldes, es el hecho de tener alma y estar todo él pensado en un conjunto. Las ideas, el equipo de trabajo y la materialización del mismo van alimentadas con el mejor combustible: la Ilusión.

JUAN MELLADO

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